PANEL: ¿CÓMO DEBIERA SER LA FORMACIÓN CIUDADANA EN LA ESCUELA?

PANEL: ¿CÓMO DEBIERA SER LA FORMACIÓN CIUDADANA EN LA ESCUELA?

ARTICULO REVISTA DOCENCIA 58
MAYO 2016
ETIQUETA: POLÍTICA EDUCATIVA

En el contexto de la nueva ley que crea el plan de formación ciudadana para los establecimientos educacionales reconocidos por el Estado en Chile, Docencia invitó a conversar a cuatro académicos con amplia trayectoria en el debate de la ciudadanía en la escuela. En este diálogo se develan distintas concepciones sobre qué es ser ciudadano y, consecuentemente, las diversas miradas sobre cómo se debiera dar la formación ciudadana en el ámbito escolar. Con ello queremos aportar al desafío que enfrentará cada comunidad educativa al tener que construir colectivamente, durante este año, su propio plan de formación ciudadana, tal como lo mandata la ley. Es de vital importancia que el profesorado sea capaz de identificar bajo qué paradigma formará ciudadanos.

PANELISTAS

Cristián Cox
Sociólogo y Doctor en Sociología, Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales, y Director de su Centro de Políticas Comparadas en Educación. Coordinó la secretaría técnica de la Comisión de Formación Ciudadana, convocada por el Mineduc en 2004.

Abraham Magendzo K.
Profesor de Estado en Educación y orientador educacional. Doctor en Educación y post-doctorado en Currículum. Director académico del Doctorado en Educación, Coordinador de la Cátedra UNESCO en Educación en Derechos Humanos y coordinador del equipo de Currículum de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Graciela Muñoz Zamora
Educadora de párvulos, Doctora en Educación. Docente del departamento de Educación Parvularia de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación. Investiga sobre procesos participativos de los Consejos Escolares e Imaginarios de la infancia.

Silvia Redón
Educadora de párvulos, Doctora en Evaluación y Mejora de la Educación. Profesora Titular de Educación para la Ciudadanía en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Investigadora en varios proyectos Fondecyt sobre ciudadanía.

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¿Qué entienden ustedes por ciudadano(a)?
Silvia: Si nos remitimos a su origen etimológico, tanto romano como griego (cives, civitas) alude a la ciudad o a la polis, a qué lugar ocupa este sujeto en la ciudad o en la polis. Ahora, es interesante en el contexto de hoy, volver a resituar esta dimensión de la posición de este sujeto en este territorio común que, como lo aborda Victoria Camps, es una acción muy simple y al mismo tiempo muy profunda: la ciudadanía no es otra cosa que la forma de convivir en este territorio común. Pero, ¿qué implica esta convivencia desde lo que significa pertenecer a una comunidad política? Ya sea desde énfasis jurídicos o socio-antropológicos, implicará una pertenencia, con diversos significados y diversas acentuaciones. Vamos a tener acentuaciones más liberales de la ciudadanía si esta se centra más en el sujeto y su contrato social y, por tanto, en sus derechos y deberes desde la plataforma constitucional jurídica y normativa para convivir con otros/otras. Desde conceptualizaciones más comunitaristas o socioantropológicas (convivir), el acento se pondrá en la ciudadanía como comunidad, y en la protección jurídica del bien colectivo o sentido por “lo común”, por sobre la individualidad, asegurando la plataforma solidaria y comunitaria de justicia que toda ciudadanía se merece (Waltzer). Y en estas acentuaciones o conceptualizaciones subyacen la herencia filosófica, que es súper importante visibilizar y volver a poner sobre la mesa, porque a la base de esas concepciones jurídicas, hay cosmovisiones filosóficas-políticas substanciales.
La ciudadanía no es otra cosa que la forma de convivir en este territorio común.
Este es un primer punto para hablar de qué significa este convivir y qué significa pertenecer, y desde ahí yo creo que hay dos elementos básicos sociales fundamentales por debatir, que configuran los pilares con los cuales se sustenta la ciudadanía: la democracia como la mejor forma de gobierno y –algo que va aparejado y para el que tiene sentido la democracia– que es la justicia. ¿Cómo estamos entendiendo la representación y la justicia? Estos conceptos no son unívocos, son muy equívocos. Como bien dice Simone Weil, si tú abres los conceptos de lo político te encuentras con un gran vacío, entonces, tenemos que volver a resituar qué estamos entendiendo por esos pilares de la ciudadanía.
Graciela: Para mí el pilar fundamental en el tema del ciudadano es el ejercicio de los derechos humanos y sus deberes. Eso plantea también un horizonte ético respecto al ejercicio ciudadano que se debiera realizar en el espacio público, la comunidad, la población, la escuela. Desde ahí uno se pregunta ¿qué está pasando desde el Estado?, ¿cómo este Estado neoliberal posibilita el ejercicio ciudadano?, ¿cómo garantiza el cumplimiento y la expresión de estos derechos? En un contexto de movilizaciones, como por ejemplo la marcha que se está dando hoy en la CUT, uno se pregunta ¿qué está pasando en nuestra sociedad con la expresión de esta ciudadanía y también cómo sigue siendo una deuda el cumplimiento de los derechos en nuestro país?
Para mí el pilar fundamental en el tema del ciudadano es el ejercicio de los derechos humanos y sus deberes.
Cristián: Ciudadano o ciudadana tiene un significado preciso que tiene que ver con la capacidad de elegir y ser elegido para el ejercicio del gobierno, ese es el núcleo distintivo del concepto. Eso significa que, por ejemplo, a los cinco años no eres ciudadano, eres sujeto de derecho, pero no eres ciudadano. Y agregaría a esta noción de base (que ubica inmediatamente el concepto en relación a la política, al sistema político y a lo cívico), que el ciudadano participa y se siente responsable en la formulación y la construcción del bien común. Creo que esta noción de ciudadanía, que refiere al conjunto, a la totalidad de la ciudad, de la polis, es central. Es esto último lo que define al sistema político, es decir, la instancia o espacio de relaciones, donde los múltiples grupos y actores que co-existen en una sociedad compleja, con sus intereses, ideas y pasiones, más o menos conflictivamente, más o menos colaborativamente, intentan resolver qué es el bien común, el interés general. Entonces, ciudadano refiere a este ser parte del sistema político, o conjunto de instituciones y prácticas donde, al decir de Norbert Lechner, la “nunca acabada construcción del orden deseado” establece sus principios y regulaciones rectoras.
Ciudadano o ciudadana tiene un significado preciso que tiene que ver con la capacidad de elegir y ser elegido para el ejercicio del gobierno, ese es el núcleo distintivo del concepto.
La pregunta por la educación ciudadana refiere directamente a la formación de capacidades para la participación política, y creo que aquí la distinción fundamental que todos los que participamos en el mundo de la educación usualmente no hacemos es entre formación cívica y formación para la convivencia, o civil. Cívico refiere a la relación con lo político, es decir con “los otros” distantes, y con las instituciones del sistema político, tal cual refería recién. Civil, en cambio, refiere a la convivencia con los otros cercanos; con los que interactúo cara a cara. La educación debe trabajar para formar en las capacidades requeridas en los dos ámbitos o dimensiones de la vida con otros. Las dos dimensiones son clave y del todo necesarias, pero tienen referentes y características diferentes, que aunque vinculadas, es necesario distinguir. No es lo mismo educar para relaciones sociales cotidianas, cara a cara, que están a la base del funcionamiento de una sociedad, que educar para la relación con el sistema político. Creo importante distinguir estos dos dominios: formar para la convivencia y formar para la ciudadanía, que tiene que ver con el sistema político y el llegar a ser sujeto político.
Es un hecho en educación, para ilustrar esta distinción, que la educación de párvulos y la básica tienen mucho más que ver con formar en las capacidades para la vida juntos con otros que ves, con los que convives; y a medida que se crece y se amplían los ámbitos de relaciones y participación, se pueda manejar este otro dominio, el cívico-político, mucho más abstracto, y de relaciones con los que no ves, un “otros” distante. Y es algo que los educadores en esta área vivimos discutiendo. Hay gente que piensa que se forma para la política desde el jardín infantil. Yo creo que eso confunde las cosas. Se forma efectivamente desde el comienzo en una concepción de la vida juntos, que tiene un fundamento ético y que empapa la cultura y la forma de participar en política, pero el camino para esto último es indirecto, y no parte por lo que he caracterizado como cívico. No se trata el concepto de representación a los cinco o diez años porque no hay ninguna posibilidad de que se lo entienda; se lo trata en cuarto medio. Una educación que confunda estos dos planos, a mi juicio, es menos eficaz en su tarea formativa de las cruciales capacidades para la “vida juntos”, que una que no lo haga.
Abraham: Esta pregunta es compleja, dado que, por un lado la respuesta está dependiendo de los contextos históricos, políticos, sociales, económicos, culturales en donde se plantea la pregunta. Es decir, la pregunta es universal pero la respuesta no lo es. Es distinto ser ciudadano en China, que en Chile. Estos contextos están siempre cambiando y, por tanto, el concepto de ciudadano y ciudadana va a estar cambiando también. Y por otro lado, hay dos posturas respecto a cómo se entiende la ciudadanía, por lo menos la literatura así lo consigna. Hay una postura liberal y una postura comunitarista. La primera hace énfasis en los derechos civiles y políticos; la segunda, en los derechos económicos, sociales y culturales, con acento en la solidaridad, y dan una respuesta distinta a lo que es la ciudadanía y, en consecuencia, a lo que es el ciudadano. Por consiguiente no hay una respuesta universal inequívoca e incuestionable de entender qué es ser ciudadano.
Ahora bien, si la pregunta refiere a qué entendemos por ciudadano hoy en Chile, mi respuesta tentativa sería: ciudadano es un sujeto de derecho y de responsabilidades, preocupado de los derechos propios y de los demás, y de la responsabilidad propia y, nótese, de la responsabilidad de los otros y otras. Como diría Lévinas, soy responsable del otro aunque este otro/otra sea un ajeno, un distante. Cuando Caín mató a Abel, eran los primeros hombres, entonces ellos no sabían lo que era la muerte. Caín le pegó y ahí lo tumbó. Pero cuando Dios le preguntó “¿dónde está tu hermano Abel?”, creo que la falta más severa de él, y quizás por eso Dios lo castigó posteriormente, es la respuesta que dio: “¿acaso soy guardián de mi hermano?”. Él tendría que haber dicho “sí, soy guardián de mi hermano”. Eso es un ciudadano. Estamos considerando al ciudadano como una persona poseedora de mínimos éticos, como diría Adela Cortina, mínimos de justicia y máximos éticos de felicidad. Esa congregación de justicia y felicidad me parece muy interesante.
Además, ser ciudadano es estar atento y comprometido con la comunidad, con sus problemas, sus vicisitudes, sus alegrías y congojas. Soy ciudadano porque construyo mis identidades propias y ayudo a la construcción de las identidades de la comunidad a la que pertenezco.
Por último, ser ciudadano entonces es encontrar el adecuado equilibrio entre una concepción liberal y una comunitarista de ciudadano, es decir, un equilibrio entre la libertad y los derechos individuales y los derechos de solidaridad con sus comunidades; además un equilibrio entre la justicia y la felicidad.
Silvia: A mí me preocupa establecer una linealidad o fractura, como lo que exponía Cristián, entre el sujeto de derecho y el ciudadano, en la que un sujeto que convive con otros como sujeto de derecho, no está fracturado con el momento que tendrá que elegir a sus representantes, o podrá ser elegido. Limitar el concepto de ciudadano al voto me preocupa, porque ello connota una forma de evitar este territorio común que se invisibiliza al poner énfasis solo en el sujeto, en el contrato, lo que supone una simiente epistemológica y filosófica-política que conlleva a entender este territorio de formas muy distintas (individual o colectivo).
Y luego Cristián dijo que uno no podía identificar a un sujeto infante como ciudadano, yo creo que desde su condición constitucional-jurídica no, pero desde su condición social sí, entonces es ahí donde a mí me parece que, especialmente en la educación, habría que despejar, lo que muy bien señaló Cristián, esas diferentes conceptualizaciones respecto de qué es ser ciudadano: ¿es el que vota o es el que sencillamente habita un territorio común? Para mí es ciudadano todo sujeto que vive en un territorio común, lo que le posibilita tener derechos y deberes en su pertenencia a la comunidad.
Reitero lo que dice Victoria Camps, la ciudadanía no es otra cosa que convivir en este espacio común. Pero qué es convivir y qué es lo común, ahí tendríamos que quedarnos semanas distinguiendo. Para mí ciudadano no es el que vota, ciudadano es todo el que comparte este territorio común, como un primer elemento necesario por aclarar y, por otra parte, aclarar lo que decía Abraham respecto de estas tendencias más liberales o más comunitaristas. No son inocentes cada una de ellas, en el sentido que arropan una ideología, pero más que una ideología, una cosmovisión de cómo debe convivir nuestra especie.
Cristián: Yo creo que es muy importante lo que has dicho, pero quiero aclarar lo que planteé sobre voto, porque se está reduciendo de tal forma que lo distorsiona. Hoy día se constata, en todas partes, un gran ánimo cultural contra la política; de algún modo hoy en día empapa a la cultura y nuestra sociabilidad, un gran cuestionamiento del sistema político y de la política. No se trata solo de un tema chileno, es similar en Londres, Copenhague o Ciudad de México. Sin embargo, si los ciudadanos se desentienden de la política, este espacio del orden social donde todos los problemas convergen y donde la capacidad de la sociedad de acción sobre sí misma se juega, estamos frente a un gran problema. Entonces, el punto de afirmar y distinguir el concepto de ciudadano en relación al sistema político es muy importante, y no se restringe al voto; hay conceptos y relaciones clave que tienen que ver con lo que yo traté de evocar con esta noción de responsable del bien común, que expande la noción de relación con la política democrática mucho más allá del voto. Entre estas dimensiones fundamentales de la participación ciudadana enumero: primero, la conciencia acerca de unos derechos y obligaciones del ciudadano, que constituyen la base moral de su actuar en este ámbito; segundo, comprensión y valoración de los principios de representación, deliberación, negociación y logro de acuerdos, esenciales al proceso democrático de gobierno; tercero, participación en la toma de decisiones y principios de mayoría y respeto de las minorías; cuarto, rendición de cuentas o responsabilización; quinto, reflexividad crítica, para el cambio y el desarrollo democrático permanente. Si se considera este listado de elementos como principios o criterios rectores de participación ciudadana, se aprecia que el voto es un componente (clave) de una configuración de relaciones con “lo político”, pero no es el único.
Si eres educador debes preguntarte qué corresponde enseñar a los cinco años, a los nueve, a los dieciocho. Esto que corresponde responder en matemática o literatura, también se aplica al aprendizaje de la ciudadanía. A mi parecer el principio pedagógico aquí tiene que tomar muy en cuenta que la relación con la política supone unas ideas que son muy abstractas y que la psicología del desarrollo te dice que no puedes trabajarlas plausiblemente a una determinada edad, y en otra, en cambio, sí. Tú no puedes mostrar a niños de cinco años un nivel de conflicto alto, o drama, en las relaciones sociales inmediatas, porque humanamente perturba y el sentido común dice “no corresponde”. Yo acepto que este “no corresponde” es del todo moral, discutible y altamente dinámico, históricamente hablando. Al mismo tiempo quiero defender el criterio de que en educación no haces todo a cualquier edad, porque culturalmente hemos aprendido (como especie) algo al respecto, que aunque por cierto varía históricamente y según sociedades y contextos, se aplica; y creo no extremar el argumento si se afirma que no hay tribu en el mundo que no distinga lo que haces educativamente con sus hijos a los tres años, a los trece y a los dieciocho; o que las que se confunden al respecto no llegan muy lejos.
Abraham: A lo que yo me refería es en relación a la responsabilidad con el otro, no necesariamente tienes que esperar el cuarto medio para que el sujeto comience a construirse como sujeto ciudadano.
Cristián: Seguro que no, pero los principios de representación, división de poderes y rendición de cuentas no los puedes enseñar a los cinco años. La educación tiene que preparar, sin embargo, para ser actor responsable en el marco de tales relaciones y principios. La educación que no prepara para ello, no está formando ciudadanos para una democracia plena y en constante desarrollo.
Abraham: Yo veo a mi hijo, él tiene cuatro hijos hombres y cuando el de cinco años empieza a pelear con sus hermanos, su papá se aproxima y le dice que molestar a su hermano mayor lo afecta mucho emocionalmente, lo pasa mal. Con esa acción lo está haciendo responsable a esa edad; el concepto de responsabilidad no se le explica, se le dice que no moleste a su hermano, porque es un niño más sensible, un niño que llora, y se le pide que esté más calmado. Y es capaz de entenderlo.
Cristián: Eso es convivencia, no tiene que ver con educación cívica. Hay una relación entre ambas, porque preparas para un cierto civismo a partir de unos valores y una forma de relacionarte con los otros en tu convivencia, pero reitero que es un tema importante para el quehacer de los educadores –en los planos curricular, pedagógico y evaluativo- distinguir ambas dimensiones de la construcción de capacidades para la vida juntos.
Graciela: Desde el nivel de educación parvularia, se propicia el reconocimiento de los derechos del niño, que en una primera etapa reafirmaba esta idea de protección, pero que posteriormente se fue abriendo a reconocer la autonomía progresiva que va consiguiendo el niño y niña. Esto también ha llevado a reconocer la participación progresiva que van realizando los niños, lo que queda claro en la Convención de los Derechos del Niño. Desde ahí que la formación ciudadana indudablemente debiera darse desde los niveles pequeños, desde una práctica ciudadana, una práctica que va desde el convivir, desde el respetar al otro. Creo que los niños sí pueden hablar de temas complejos que viven a su nivel. Por ejemplo, hoy tenemos jardines infantiles que se enfrentan a balaceras, a diversos problemas sociales, ¿por qué no traer esos problemas a la escuela, al jardín infantil y hablar de este concepto del bien común, de comunidad? Los niños con los educadores también pueden dialogar desde su realidad, obviamente desde lo que su edad les permite visualizar.
Hoy tenemos jardines infantiles que se enfrentan a balaceras, a diversos problemas sociales, ¿por qué no traer esos problemas a la escuela, al jardín infantil y hablar de este concepto del bien común, de comunidad?
Esto también se cruza con las concepciones de infancia. Un niño que es reconocido como otro distinto, que es sujeto de derecho, que es parte de un territorio, que pertenece a una comunidad y que, por lo tanto, puede mirar y dialogar sobre los temas que afectan a su comunidad, puede hacerse parte de ese espacio. Sin embargo, aún hay adultos que mantienen una concepción del niño como un sujeto disminuido, minorizado. Incluso en algunos jardines infantiles, cuando se trabajan los derechos del niño, muchas veces se caricaturizan, salen a hacer marchas alrededor con carteles sobre los derechos, se los aprenden de memoria. Creo que la pregunta de fondo es: ¿quién debiera posibilitar la expresión de ese derecho? Finalmente es el educador y la escuela como garante relacional de los derechos. Considero que principalmente desde la infancia, la formación ciudadana debiera ser una práctica, posibilitada por los adultos, por el educador.
¿Cuál es la formación ciudadana que ustedes proponen para la escuela de acuerdo a su concepto de ciudadano?
Silvia: Yo creo que en nuestro país estamos ante un gran desafío de cómo vamos a entender la formación para la ciudadanía, porque retomar el pasado de abordarlo únicamente desde la transversalidad del currículum, vale decir, que esté en todo el currículo podría ser equivalente a no estar en ningún lado del currículum, es complejo. Sin duda es importante acentuar la transversalidad, pero es peligroso, como también es peligroso que sea exclusivo de solo una asignatura, porque implicaría ver la formación ciudadana solo como un componente de contenidos cívicos. Y aquí voy a aludir a Habermas y Kymlicka quienes dicen que un aparato del Estado puede ser muy perfecto en su estructura constitucional, y los sujetos pueden conocer al revés y al derecho esas leyes y normativas, pero si no tienen conductas cívicas, no sirve de nada. Es decir, la estructura teórica, jurídica, constitucional, puede ser perfecta y los ciudadanos conocerla bien, pero si no hay sujetos que la vivan, no sirve. Por lo tanto, podría darse un abismo entre lo que se declara, lo que se enseña, lo que se aprende, lo que se conoce de la Constitución, de los poderes del Estado, de la historia, de los valores, de los derechos y de los deberes, si no pasa a la esfera del vivir. Si la formación queda en la esfera del saber, no sirve; no hay formación para la ciudadanía. Yo propongo que las escuelas construyan proyectos ciudadanos comunitarios desde su inmersión local, es decir, trabajar con los estudiantes, con adultos mayores, padres y madres, el barrio y la justicia ecológica –que es fundamental–, con la justicia afectiva, con la justicia cognitiva. Realizar proyectos que aborden el aplacador sistema neoliberal capitalista, que pone grilletes en sus pies, llamados tarjetas de crédito, endeudamiento, ausencia de gremios. Trabajar comunitariamente con proyectos concretos de la vida en común que les envuelve. Reflexionar sobre una gran cantidad de la población que no tiene derecho a tener derechos y buscar alternativas para revertirlos.
Graciela: Yo veo como una oportunidad este concepto de “territorio” que está instalando el Ministerio de Educación, porque de algún modo eso permite situar la escuela en un territorio, en una comunidad que tiene una historia, que tiene una práctica organizacional participativa. También permite reconocer que la escuela tiene una memoria, hay escuelas que nacieron de procesos participativos de sus comunidades y de algún modo hay una práctica ahí que permite nutrir estos programas de formación ciudadana que van a tener que articular con su proyecto educativo. Otro tema es cómo rescatamos estas organizaciones que hay al interior de los establecimientos educacionales, porque ahí se da también un ejercicio ciudadano, desde los centros de padres, desde los centros de alumnos, desde los consejos escolares donde empiezan a participar los jóvenes desde el segundo ciclo básico. Una forma es democratizar efectivamente esas organizaciones escolares y empezar a vivenciar una práctica ciudadana más viva y deliberativa. Por último, creo que si bien puede estar muy instalado desde el discurso, la formación ciudadana, la formación en derechos humanos, yo creo que tenemos una brecha en cómo se materializa eso en una práctica pedagógica en el aula, en el centro educativo y en la vinculación que tiene que existir en la escuela con su comunidad, yo siento que ahí todavía no logramos plasmar una práctica.
Abraham: La formación ciudadana en la escuela es precisamente contribuir a que los estudiantes se construyan como ciudadanos, lo que significa, como ya dije anteriormente, que se construyan como sujetos de derecho y de responsabilidades, preocupados de los derechos propios y de los demás, y de la responsabilidad propia y de la responsabilidad de los otros. A mí parecer, la responsabilidad del otro es un término muy central, y en la formación en la escuela nosotros tenemos que tratar de que el sujeto se sienta responsable no solo de su responsabilidad sino también de la responsabilidad del otro. Además, la formación ciudadana en la escuela debe conducir a que los estudiantes conozcan, comprendan y actúen en consecuencia con las normas de instituciones nacionales e internacionales que promueven y protegen los derechos humanos y la dignidad humana. También se requiere de una formación ciudadana que permita que los estudiantes se apropien y se formen como sujetos que actúan con ciertos mínimos éticos que refieren a la justicia, a la libertad, a la solidaridad; y de máximos éticos conducentes a ser personas felices que elaboran proyectos de vida individuales y colectivos. Asimismo, la educación ciudadana en la escuela debiera también promover que los estudiantes estén alertas y comprometidos con la comunidad cercana y global, con sus problemas, sus vicisitudes, sus alegrías y sus congojas; y que se relacionen y convivan enfrentando los problemas dialógicamente, sin que esto signifique evadir los conflictos y controversias naturales de la convivencia.
Pero quisiera hacer una advertencia al respecto, y esto sobre la base de un informe que me tocó escribir y dirigir el año pasado sobre formación ciudadana en América Latina1: el currículum de la formación ciudadana se construye sobre contenidos y objetivos nucleares y estructurantes, y no sobre una lista interminable, eterna, de objetivos y de contenidos, muchas veces inconexos y desarticulados.
Cristián: Una formación ciudadana en la escuela es la que ofrece oportunidades consistentes de formación en las capacidades para la participación y la creencia democrática. La creencia democrática abarca tres principios fundamentales de legitimidad de la democracia: el primero es la participación, no hay democracia sin participación; el segundo es el principio de respeto por tu oposición, por los otros distintos que tú (otros intereses, otras ideologías, otra clase, otra tribu) y la aceptación de que, a pesar de eso, son parte de algo como la ciudad, la patria, y que ese otro puede ser gobierno; y el tercer principio, respeto por las reglas que permiten resolver o abordar los conflictos, sin recurrir a la violencia.
¿Cómo evalúan el actual currículum chileno en relación a la formación ciudadana? ¿Aporta a la formación ciudadana que ustedes vislumbran como propicia?
Abraham: A través de la universidad en que trabajo me he dedicado bastante a investigar la formación ciudadana durante la época de la Concertación (la Reforma de 1996) versus la Reforma de las bases curriculares (2013). El supuesto que yo manejé en un artículo es que era posible que, dado que hubo un cambio de signo político (Concertación/Alianza por Chile) se produjera una diferencia importante entre la formación ciudadana. Sin embargo, el análisis que hice mostró que no era tal, claro que hay que entender que las bases curriculares se asientan en los ajustes curriculares del 2009 y en la Ley General de Educación, donde verdaderamente los ajustes vienen de la época de la Concertación, entonces no era de esperar que hubiera grandes cambios. Yo diría que las bases curriculares (del Gobierno de Piñera, 2013) hacen dos cosas: una, es que coloca en la asignatura de Historia y Ciencias Sociales un eje que lo llaman “formación ciudadana”. Y lo otro es que, aunque pueda yo caer en un sesgo ideológico, creo que hay una tendencia más marcada hacia una concepción liberal, basada preferentemente en los derechos cívicos y los derechos políticos, y hay menos apuesta a los derechos económicos, sociales y culturales, a los derechos de solidaridad; en ese sentido es menos robusta, pierde lógica. Creo que habría que buscar un equilibrio entre una concepción liberal y una comunitaria, entendiendo que las dos tienen posiciones distintas, pero que no son irreconciliables.
Silvia: Me tocó dirigir una tesis de maestría en Historia donde se analizó el currículum, los textos escolares, programas y el marco curricular relacionado con formación ciudadana y encontramos contradicciones y debilidad teórica y argumental2. En los textos había contradicciones, donde en un párrafo se afirma algo sobre la tolerancia y luego se contradecía en párrafos siguientes. Y en el en el marco curricular había debilidad teórica, no aparecía la referencia bibliográfica, podría ponerse véase, o léase. Sin esa referencia, el profesor no tiene un sustento teórico sólido que le permita profundizar en la formación ciudadana.
Cristián: Primeramente considero necesario aclarar que la formación ciudadana en el currículum chileno, al contrario de lo que muchos piensan, no está prioritariamente en los objetivos transversales, sino que está en cuatro asignaturas: dos de educación básica (Historia y Ciencias Sociales, y Orientación), y dos de educación media (Historia y Ciencias Sociales, y Filosofía y Psicología). Por otro lado, si uno observa la evolución que han tenido los tres currículos que han habido post transición democrática, el del 96-98, el de 2009 y el de 2013, actualmente hay más contenidos de formación ciudadana, y en forma más clara y visible, que en los dos currículos precedentes. Yo participé, desde la Unidad de Currículum y Evaluación del Ministerio de Educación, como responsable de la coordinación de los equipos que elaboraron el currículum del año 1998 y creo que hay fundamento para sostener que el del 2013, en este ámbito que discutimos, es resultado de un proceso acumulativo que incluye el ajuste curricular de 2009, en el que además interviene una institucionalidad que agrega a los gobiernos respectivos el Consejo Nacional de Educación, y que en su resultado final (el currículo hoy vigente de educación ciudadana), es más completo, claro para los docentes, y consistente que el de hace casi dos décadas.
Considero necesario aclarar que la formación ciudadana en el currículum chileno, al contrario de lo que muchos piensan, no está prioritariamente en los objetivos transversales, sino que está en cuatro asignaturas.
Para graficar lo señalado menciono evidencia3 sobre densidad relativa de los tres documentos curriculares oficiales sobre la categoría temática fundamental de ‘ciudadanía y participación democrática’. Así, en el currículo de 1998 hay 19 citas sobre esta temática, definiendo objetivos o contenidos; esto sube en el currículo del año 2009 a 52 citas; lo cual en las bases curriculares del 2013, alcanza a 66 citas –más que triplicación del número de definiciones de fines de los años noventa–. Y lo que quiero enfatizar es que hace una gran diferencia en términos de visibilidad para profesoras y profesores de esta área, el que dentro de la asignatura de Historia y Ciencias Sociales ahora exista un eje de formación ciudadana, que va de primero básico a segundo medio; que tiene contenidos distintivos y más especificados en su progresión que en el pasado. Y esta tendencia a mayor densidad, visibilidad y especificación curricular, va a seguir con la actual decisión del Ministerio de Educación de crear una nueva asignatura de formación ciudadana para tercero y cuarto medio.
¿Qué críticas importantes se pueden hacer al currículo de formación ciudadana? Diría dos cosas. La primera es que los currículos post-1990 coinciden en privilegiar tres valores ‒democracia, derechos humanos y diversidad‒, lo cual está por cierto muy bien; sin embargo, los tres dan poca importancia y presencia a los valores de bien común, justicia social, solidaridad y cohesión. Es decir, las orientaciones morales directamente referidas a la relación con los otros tienen un tratamiento comparativamente magro, con implicancias culturales individualistas y de des-responsabilización ‘por la ciudad’, que debiéramos, a mi juicio, tomar en serio. Y la segunda es que le damos tremenda importancia a las competencias de reflexión crítica para una ciudadanía activa, pero al voto como derecho, como deber, como responsabilidad ‒para vergüenza de los responsables, donde me incluyo‒ en el currículum de 1998 no tiene ni una referencia. Luego, en el año 2004 la Comisión de Formación Ciudadana que coordinó Carlos Peña, planteó que el cuarto medio tenía que estar dedicado a esto, definiendo que era la forma en que la educación contribuiría a que los jóvenes se inscribieran y votaran .Y bueno, el currículum de 2009 no tomó esto demasiado en serio: hay una referencia a voto. Y en el de 2013, hay dos. Un déficit claro y grave.
Silvia: Quisiera aportar insistiendo que la dimensión del currículum oficial y prescrito de formación para la ciudadanía es solo una parte, no debiera la formación para la ciudadanía estar confinada solo a esta dimensión prescrita del currículum de saberes y contenidos, cuestión relevante, válida, necesaria e importante, pero no suficiente. Creo que además, cada escuela debiera, desde la lógica de accountability, informar qué hizo por la ciudadanía en su localidad, en su territorio, para la justicia ecológica, en definitiva, qué hizo esta institución escolar por la ciudadanía en esta cultura. Si yo no tengo sujetos que quieran cooperar, colaborar, respetar y vivir con otros/otras las normas, la formación para la ciudadanía se desvanece, aunque el currículum prescrito sea muy claro, si no hay correlato con la vida de la cultura escolar o la cultura nacional (país), ninguna ley por explícita que sea, podrá devolver la confianza en una ciudadanía leal, respetuosa, solidaria y colaboradora.
Creo que, además, cada escuela debiera, desde la lógica de accountability, informar qué hizo por la ciudadanía en su localidad, en su territorio, para la justicia ecológica, en definitiva, qué hizo esta institución escolar por la ciudadanía en esta cultura.
Graciela: Mi preocupación tiene que ver con formación ciudadana y su inserción en la formación inicial docente. Estuve revisando, a raíz de los derechos del niño, la carrera de Educación Parvularia, y encontré solo dos universidades que tenían explícitamente formación en derechos humanos. En la formación inicial docente estas temáticas prácticamente no se encuentran presentes, a pesar de que son prioritarias para una formación ética. Uno puede oír a las estudiantes de educación parvularia hablar de los derechos de los niños y niñas, pero finalmente queda como en un discurso aprendido, que no se logra llevar a la práctica en la relación que establece el educador con el niño. Esto es una deuda grande, en la formación de los docentes debiera estar explícito la formación en derechos humanos.
Silvia: Es necesario introducir la didáctica a la ciudadanía en la Formación Inicial Docente. ¿Cómo enseña un profesor de matemáticas, física, química, la ciudadanía? Los futuros docentes debieran saber y distinguir qué significa construir un currículum democrático, una evaluación democrática (Stake), un curso que realmente se construye como una comunidad y una cultura escolar en la que todos caben y todos tienen derecho a construirla.
¿Qué aspectos debería considerar el Plan de Formación Ciudadana, que a partir de este año debe elaborar cada escuela, para lograr cambios significativos en la democratización de la escuela y ser coherente con una formación ciudadana como la que ustedes vislumbran?
Graciela: A mí un tema que me interesa es justamente cómo esta formación ciudadana tiene un ejercicio en espacios como el centro de alumnos, en el consejo escolar. Hoy día la política educativa está diciendo que los consejos escolares van a ser resolutivos, pero si no hay una participación que efectivamente incida en la vida de la escuela, finalmente vamos a quedar con una participación más bien simbólica. Se requiere articular el Plan de Formación Ciudadana con la vida de la escuela y con el territorio. Y eso implica generar espacios participativos reales y generar cambios en la visión del equipo directivo, porque relaciones de conflicto van a estar presente, entonces ¿cómo se logra instalar también esta cultura de diálogo para resolver y generar estos espacios? Habrá que tener cuidado, pues frente a tantos requerimientos administrativos para instalar estas temáticas en la escuela, se corre el peligro de escolarizar la democracia.
Se requiere articular el Plan de Formación Ciudadana con la vida de la escuela y con el territorio. Y eso implica generar espacios participativos reales y generar cambios en la visión del equipo directivo.
Abraham: Me atrevería a decir que para lograr cambios significativos habría que estimular a la escuela a que, con una mirada crítica, analice colectivamente la cultura escolar, es decir: el currículo oculto, las relaciones interpersonales, la convivencia escolar, las normas disciplinarias, la distribución del poder, las formas de participación, la relación con la comunidad, el proyecto educativo institucional, etc. Debemos aspirar a una escuela dialogante, donde nadie es excluido ni marginado, donde todos y todas se sienten parte y comprometidos de un proyecto escuela.
Adicionalmente, aunque es complejo y desafiante, creo que en la futura asignatura de formación ciudadana, los alumnos de tercero y cuarto medio realmente deberían enfrentar de manera educativa y pedagógica los problemas que el país está viviendo, y no esconderlos debajo de la alfombra. La asignatura debiera permitir que los estudiantes desarrollen las capacidades para analizar, con altura de miras, las múltiples situaciones y problemas ciudadanos que la vida cotidiana les plantea. A manera de ejemplo, la ciudadanía vive en el presente temas éticos que interrogan a la política, al empresariado, a las iglesias, al Ejército, a la justicia y a todos los poderes del Estado. La asignatura debiera aclarar y penetrar en estos problemas, de manera dialógica y crítica. Se trata de entregarles, a través de esta asignatura, las herramientas para analizar las múltiples situaciones y problemas que la sociedad confronta. Es importante que tomen conciencia de los temas, positivos y negativos, que están en la mesa. Son temas que ellos ya conversan, pero es distinto, por ejemplo, conversar sobre el aborto en el café que hablarlo en la escuela.
En la futura asignatura de formación ciudadana, los alumnos de tercero y cuarto medio realmente deberían enfrentar de manera educativa y pedagógica los problemas que el país está viviendo, y no esconderlos debajo de la alfombra.
Cristián: Yo agregaría a lo que acaba de plantear Abraham, que el equipo que esté formulando estos planes considere que hay una pedagogía de los temas controversiales, hay un acumulado pedagógico y metodológico sobre cómo abordarlos en este espacio protegido que es la escuela, que es necesario tener en cuenta y aprovechar. Y respecto a los planes de formación ciudadana, diría que debieran tener como propósito fundamental realizar el currículum, y con esto quiero decir lograr lo que se señala como propósitos formativos, y trabajar su base de valores y trabajar efectivamente la construcción de unas competencias que incluyan conocimientos, actitudes y habilidades correspondientes a este ámbito. El currículo vigente de formación ciudadana aborda, en sus contenidos y propósitos de aprendizaje, las tres dimensiones fundamentales que hoy en día la literatura y la evidencia comparada le asignan como necesarias a la educación para la ciudadanía contemporánea: conocimiento, donde teoría democrática debiera tener un lugar bien importante; relaciones de participación en la comunidad escolar, donde se puedan vivir los procesos clave de participación política democrática; y relaciones de servicio a la comunidad. O sea, los planes que la nueva ley le pide a los establecimientos escolares formular y ejecutar, no debieran a mi juicio afanarse mucho tratando de ‘inventar’ los contenidos de lo que hay que hacer, pues están en el currículum (el cual hasta ahora no ha sido muy considerado). Para lo primero que van a servir estos planes es para que los equipos del caso tengan que abordar el currículum, y descubrir que es muy rico en posibilidades, que está distribuido en las cuatro asignaturas que referí ‒y no solo en los objetivos transversales‒ y que tiene tres ámbitos de realización: la sala de clases, la comunidad escolar, y la comunidad circundante, o más amplia.
Silvia: Yo agregaría otro elemento relevante a trabajar en la escuela, además de los que ya he mencionado, y es la necesaria deconstrucción de los conceptos de lo político, para la reconfiguración y resignificación de los mismos. Se nos ha enseñado que somos iguales y libres por derecho, pero no somos libres, ni menos somos iguales, hay muchos y muchas que no tienen derechos a tener derechos; lo que de alguna forma se instaló desde la modernidad como conceptos absolutos y cerrados, no lo son. Entonces, revisemos: ¿por qué?, ¿cómo se escribieron las Constituciones de Europa una vez alzada la revolución?, Constituciones que obviamente Chile de alguna forma imitó. En ellas hay un gran interés por resguardar la propiedad privada, hay un gran interés por resguardar al sujeto individual. El énfasis liberal es nítido y claro. Es obvia la importancia del liberalismo, sin liberalismo podríamos perder al sujeto, pero yo creo que hay que hacer la distinción entre liberalismo filosófico y liberalismo económico. Pondría el acento ahí, en el liberalismo necesario y básico para construir comunidad, versus un neoliberalismo que ha destruido lo común y afecta la vida buena de los sujetos. Otro punto que me preocupa, es poner como único foco de contenidos al concepto de democracia, pues es otro concepto que requiere ser hoy día deconstruido, porque en nuestro tiempo se ha convertido solo en una estrategia de organización para ganar votos (poder). Comprender la democracia solo como una estrategia, se reduce al show del espectáculo para ganar el poder del voto, y si ponemos el foco en esta estrategia me da susto que nos quedemos con un vacío profundo para comprender lo político y nos centremos solo en un procedimiento. No hay que confundir “la política” con “lo político” (Mouffe). Queremos democracia: ¿para qué?, para convivir en justicia, en igualdad y libertad sabiendo que no somos iguales, ni libres y menos gozamos de una justicia vital común a todas y todos los chilenos.

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