EL AYER Y HOY DE LA EDUCACIÓN CHILENA

EL AYER Y HOY DE LA EDUCACIÓN CHILENAausente-senorita

“Los Pueblos que no conocen su historia están  obligados a repetirla”.                                                                                                                                            Hegel

“Hay historia económica y social.  Hay la  historia sin más, en su unidad. La historia que es por definición absolutamente social”.                                                                                                                                      Lucien Febvre

“Porque muchas cosas podemos discutir, menos este gran bochorno que se llama Niño desnudo y hambriento. El no pidió nacer y él pide sin alegato que su pobre cuerpo nos declara el sustento a medias, el cuarto insalubre, el mal vivir”.                                                                                                                                                                                                           Gabriela Mistral

          El  texto “Ausente Señorita” El niño chileno, La escuela para pobres, y el Auxilio 1890/1990 (Hacia una historia social del siglo XX en Chile) de la filósofa e historiadora nacional, María Angélica Illanes O[1], es el testimonio silencioso de la reflexión histórico-filosófico de la Educación Chilena a lo largo del siglo pasado.  El ayer de la Educación chilena en el que se vislumbran los cimientos del hoy de la Educación chilena. El título del texto sugiere las causas y las consecuencias como paradigmas de la realidad educacional chilena no resueltas. Si por “Ausente Señorita” entendemos la tan temida “Deserción Escolar” que va de la mano del trabajo infantil, si por “Niño Chileno” entendemos la gran ilusión del hombre moderno “la libertad e igualdad en dignidad y derechos de los hombres al nacer”[2] no es acaso contradictorio que clasifiquemos la “escuela” según los recursos del niño por los salarios de sus padres en “escuelas para pobres”, dilatando la distancia entre las distintas clases sociales. Y finalmente si por “Auxilio Escolar” entendemos el motor de la educación en tanto proceso enseñanza aprendizaje, basado en políticas educacionales que lo faciliten. Y no simplemente caridad  estatal o privada. Nos cabe preguntar ¿Por qué en Chile no ha sido, ni es posible tener una educación de calidad y equidad para todos?

          Detrás de toda comunidad humana y en particular de una comunidad humana políticamente organizada en la figura del Estado, existe un ideal de ciudadano a formar por y para el Estado. Que no es otra intención que la construcción de una identidad nacional basada en valores patrios. El único medio para lograr tales objetivos es la Educación. Claro está, que comprendiendo a la Educación como un proceso social en el que interviene la sociedad  en su conjunto, resguardada por leyes y políticas educaciones que la dirijan hacia la eficiencia y la eficacia. Y no como una panacea ante crisis sociales. Típica respuesta de sociedades democráticas en construcción como lo es la nuestra supeditada a intereses políticos. Siendo  el mejor postor ante el juego de un proyecto país: transversalidad educacional del gobierno de turno y la oposición.

            La autora desvela los mitos sobre los cuales la sociedad chilena políticamente organizada ha intentado erguir un Proyecto Educativo Nacional “Educación para todos” avalado por el Estado en su rol de Estado Docente, apoyado por políticas educacionales de contingencia frente a las adversidades del camino hacia la Democracia. A nuestro parecer el gran escollo de la educación chilena a lo largo del siglo pasado ha sido el constate intento por abrazar un ideal que no ha sido encarnizado ni siquiera visualizado por todos los sectores de la sociedad: la Democracia. Y el segundo gran escollo de la educación chilena ha sido elaborar Proyectos educativos basados en políticas educaciones influencias por el acontecer intelectual circundante. Alejadas plenamente de la realidad chilena.  Siendo un sin sentido. Estos son los misterios del ayer y del hoy de la Educación chilena que dan como resultado la falta de equidad y calidad. Los que deben ser enfrentados y resueltos por medio de un compromiso[3] social en el que tenga participación la sociedad en su conjunto.

¿Por qué en Chile no ha sido posible tener una educación de calidad y equidad para todos?

  1. Democracia

          Detrás de toda comunidad humana y en particular de una comunidad humana políticamente organizada en la figura del Estado, existe un ideal de ciudadano a formar por y para el Estado. Que no es otra intención que la construcción de una identidad nacional basada en valores patrios. El único medio para lograr tales objetivos es la Educación.

¿De dónde surge la idea de la Democracia como una práctica social valiosa?

           La idea de que la vida colectiva beneficia y enriquece a la comunidad cuando esta se norma y se conduce según el criterio de tener en cuenta las expectativas e intereses de todos los miembros de una comunidad, cuanta con lo menos, 3000 años de antigüedad y surge en el marco de las ciudades-estado de la Grecia clásica. Fueron los miembros de aquellas comunidades, los primeros en considerar como valiosa una vida en común que, además de abrir la posibilidad de alcanzar, sin riegos y sin conflictos, los intereses y expectativas de cada uno en particular, los trascendía y daba lugar a una nueva clase de realidades que, sin duda, los enriquecían en muchos sentidos.

                La idea del ciudadano de la polis griega, el Zoom Politicón, es la de un sujeto activo, comprometido, que encuentra en la participación de la vida de la comunidad una forma de realización del bien, una virtud (areté) y, por lo tanto, ha de realizarse. La participación ciudadana, en este caso, no es un derecho del individuo, sino una responsabilidad asumida como consustancial a la condición de hombre libre. Es ineludible, toda vez que la no-participación aparece como falta de virtud.

       Entre otras razones, se ha dicho que esa práctica de la democracia se volvió imposible cuando la comunidad creció, se volvió compleja y dejo de estar restringida a la vecindad y a la interacción cara a cara de los ciudadanos. Por esto, se dice, la democracia para existir en las sociedades modernas, no tuvo más remedio que volverse representativa; es decir, que la participación de miembros de la comunidad no tuvo más remedio que ajustarse, a través del voto, a la mediación de delegados y representantes en el ejercicio efectivo del poder social.

                De este modo, la idea del ciudadano moderno (el Citoyen de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano) es la del sujeto de derechos, un sujeto que tiene el derecho de participar en la vida colectiva, pero que no se ve forzado a la participación; y que aún cuando la considere valiosa, puede abstenerse de ella. El ciudadano moderno disfruta de la protección y garantía del Estado respecto al dominio y usufructo de su persona, su familia, su credo y su patrimonio, así como la posibilidad elegir o ser elegido para el ejercicio del poder público; pero, por un lado, ese disfrute depende de la posesión efectiva de una familia, un credo o un patrimonio y, por el otro, en su convicción, su compromiso lo que le lleva a participar en la vida colectiva y no en su condición de ciudadano.

          Al igual que en la polis griega, la condición de ciudadano constituye la base de la posibilidad del disfrute de estos derechos. Sin embargo, la ciudadanía se ha vuelto abstracta: es la ley la que coloca al sujeto en la posibilidad de participar, no su propia existencia. Así, mientras en la polis griega tener una determinada identidad, familia, patrimonio y creencias era condición para ser ciudadano y, dado esto, no se tenía más remedio que participar en la política de la ciudad, el ciudadano moderno, en tanto sujeto de derechos, obtiene de la ley, como dijimos, la garantía de que no se verá afectado (ni por sus conciudadanos, ni por extraños) en el disfrute de su identidad, familia, patrimonio o creencias, si es que se encuentra en posición legitima de estos bienes; así como tampoco se verá apremiado a la participación de la política, si su deseo es abstenerse, lo cual ocurre frecuentemente y masivamente en nuestro tiempo.

                Desde la República hasta nuestros días, nuestra nación busca construirse como una nación democrática. Chile, responde a los vientos impulsados por aquello que sucedió en Francia en 1789, con particularidades hispanas y americanas.

           Del concepto de Democracia se desprende la idea de ciudadano y ciudad. El ciudadano se constituye como tal amparado por la “cultura escrita” “Cultura escrita que significa la internalización de un cierto pensamiento crítico, de un cierto dominio de la razón y, por lo tanto, de una forma de vivir los valores, ya no sólo como tradición, sino también como proyecto”[4]. La cultura escrita en chile por aquellos años se encontraba en la ciudad, en manos de las elites ilustradas, luego, en las manos de la burguesía, posteriormente en las manos de los de los artesanos y finalmente en las manos de los campesinos. En la época de la República la mayoría de la población no vivía congregada. Chile era un territorio inmenso con una población pequeña cuya economía minera y agraria, poco intensiva en mano de obra, no favorecía la formación de ciudades.

            Como se puede apreciar los ideales de la Democracia no eran alcanzables por los distintos estamentos de la sociedad en un determinado tiempo histórico. Siendo los antecedentes de la desigualdad social en Chile. Y ello principalmente por la historia demográfica de nuestra nación, ya que, obstaculizaba el desarrollo de la “cultura escrita”, en otras palabras de la alfabetización del pueblo.

¿Cómo agrupaba el Estado a estas personas que vivían a leguas de distancia unas de otras?

           Nada más y nada menos que en torno a la escuela o a la iglesia parroquial, amparado en la figura “visitador de escuelas, que va viendo no sólo como éstas funcionan, sino donde podrían fundarse nuevas, y el arzobispo de Santiago, en este caso Rafael Valentín Valdivieso, que recorre sus diócesis desde el Choapa hasta el Maule, revisando sus parroquias”[5]

            Así, como la historia de nuestra constitución como Democracia se basa tanto en la historia de nuestras instituciones como en la historia demográfica. “La historia de nuestras ideas políticas, de nuestras instituciones, es la historia de nuestros partidos como sociabilidades en la conducción política de la ideología, es nuestra historia electoral, en fin, todas las variables clásicas de la política, pero es también nuestra historia demográfica y, más importante aún, la historia de cómo nos asentamos en el territorio, de cómo fuimos ciudad, caserío, villorrio, pueblo y villa. La historia de nuestra congregación”[6]

      Así, dejamos sentado nuestro parecer como antecedente histórico que el primer gran escollo de la educación chilena ha sido el constante intento por abrazar un ideal que no ha sido encarnizado ni siquiera visualizado por todos los sectores de la sociedad: La democracia. La tan anhelada democracia chilena fue construida a grandes saltos en los que la educación no ha tenido un lugar central. Del campo profundo pasamos a la ciudad, a la población marginal, sin alcanzar a vivir en el pueblo ni aprender a escribir. Y en la ciudad nos acompañó y nos enseñó la tv y la radio, antes que la escuela o la prensa escrita. Por lo tanto, somos producto de una cultura oral, que en nuestros días salta a la audiovisual y electrónica con un débil paso por la cultura escrita. A decir del filósofo alemán, Hegel, un pueblo que no conoce su historia está obligado a repetirla.

    No es posible olvidar la existencia de tres principios fundamentales de la práctica de la democracia, en función de los cuales esta ha representado un valor, una práctica social valiosa en la cultura occidental, sea que se trate de la antigua polis griega o del estado nación moderna. Estos principios son:

  • Todo individuo se encuentra inevitablemente inmerso en una comunidad, no solo en el sentido de que necesita de ella, sino que es ella. Existe a través de ella.
  • La vida colectiva potencia y enriquece la calidad de vida, las inclinaciones, preferencias, expectativas e intereses (desde cognoscitivos, afectivos y hasta económicos) de todos los individuos y da lugar a realidades nuevas y valiosas.
  • Todo individuo debe encontrar, en las interacciones con los otros, la realización de las propias necesidades, expectativas e intereses.

¿Qué es lo que amenaza o ha hecho desaparecer esos principios en la actualidad?

                 En general, puede decirse que la práctica de la Democracia en la sociedad contemporánea sigue apoyándose en la concepción moderna del ciudadano como sujeto de derechos. Sin embargo, además de la orientación hacia el individualismo que ya el propio carácter abstracto del concepto impone en la medida en que la participación resulta mediada por la voluntad del individuo, las situaciones y las circunstancias concretas de la práctica social contemporánea son muy distintas de las que tuvieron lugar todavía hace unos setenta años; es decir, hoy en día la vida de la comunidad involucra actores y sujetos sociales que ni se ajustan al concepto abstracto de ciudadano ni existían en el momento en que la concepción de la democracia como igualdad ante la ley y libertad individual de participación se desarrollaron. Todo lo cual nos impone la necesidad de repensar el problema y establecer claramente, tanto las limitaciones del concepto, como las necesidades de cambio en el terreno concreto de las interacciones sociales.

      La posibilidad de que el significante Democracia tenga precisamente el significado de que cada individuo o grupo tenga la posibilidad de hacerse presente en la toma de decisiones y en el gobierno de la vida colectiva, obteniendo de ello beneficios tangibles, enfrenta hoy en día especiales dificultades, toda vez que, en contra de la vida moderna de la idea moderna de un ciudadano único, universal, abstracto, lo que realmente vivimos es la contundencia de la diversidad, el imperio de la diferencia, el avallasamiento del interés general y el desencanto respecto a los valores y “promesas” de la ciudadanía moderna.

              En contra de la abstracta definición ilustrada del individuo y de sus derechos y libertades igualmente abstractas, lo que hoy enfrentamos es la aplastante realidad de la diversidad étnica, racial, identitaria, sociocultural. Tal como dice Victoria Camps (1996:137) “La diferencia está en auge, Es un siglo de calidad. Significa distinción, poder y atributos para distanciarse de lo masivo. Es la expresión de la aristocracia en nuestro tiempo […] se ha ido creando una ideología de lo individual y la diferencia como resultado de la exacerbación de la crítica de la modernidad y la ilustración […]”.

                 Frente a esta situación, Camps (1996:138) considera que hay que recuperar los logros de la modernidad que han significado avance histórico, tales como la individualidad, la privacidad, la libertad, la autonomía y la diferencia, pero no podemos desentendernos de la convivencia necesaria. “Es hora de reconocer que la universalidad y la diferencia no son siempre conceptos opuestos ni compatibles-nos dice-, que se puede ser muy autónomo y muy distinto, sin descuidar, sin descuidar que convivimos con otros individuos que reclaman, a su vez, el reconocimiento de sus diferencias”.

       Porque como dice Camps (1996:140) “No hemos sabido conjugar la libertad cooperante y participativa de los antiguos con la libertad independiente de los modernos […]. Al buscar la autorrealización en lo puramente privado, el individuo tiende a desprenderse de todos las ataduras sociales […], no hay forma de unir a los individuos en torno a proyectos comunes.

        En otro lugar, Camps (2000, abril) ha señalado que, precisamente por apoyarse en el derecho de los individuos a la libertad, esto es, en la posibilidad de renunciar a la participación política y propugnar un liberalismo económico, político y moral, ajeno a la formación de identidades cívicas, la concepción moderna de ciudadanía es una concepción individualista que conduce a la pasividad dado que los ciudadanos no asumen otros deberes que los exigidos por la democracia formal.

      En todo parámetros se distingue el ciudadano chileno de hoy en día, el ciudadano real, es decir, aquel que pasa por mal, que mira TV., que viaja, que opina en un foro por internet o que opina en un programa radial acerca de la contingencia política nacional sin hacerse cargo de su rol cívico, y por otro lado tenemos al ciudadano normativo que cumple con su “deber ser” o rol cívico.

  1. La ideal democrático en los Proyectos Educativos:

    El segundo gran escollo con el que se encuentra la educación chilena a nuestro parecer, es la ineficiencia a corto y largo plazo de la clase dirigente en la elaboración de Proyectos educativos con sentido en la realidad socio-política chilena. Esto se produce principalmente por el desconocimiento de cómo se asentó el concepto de Democracia en Chile. No caeremos en un análisis exhaustivo del texto “Ausento, Señorita”El niño chileno, La escuela para pobres y El Auxilio 1890/1990 (Hacia una historia social del siglo XX en Chile) de María Angélica Illanes O., solo señalaremos al respecto, que la clase dirigente chilena a lo largo de la historia ve a la educación como la liberadora de las crisis sociales, su mejor arma es el aprehendimiento de una especia de despotismo ilustrado según sus propios intereses. O acaso no fue casi inimaginable que el mayor oponente de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria y Común, en 1910 el conservador Barros Errázuriz invitara a aprobarla sin discusión a 1920. La gran duda de nuestros políticos no era otra, que la duda inexorable ¿Qué es lo mejor para el niño-niña chilena? Que se le eduque o que se le alimente. Como la eterna pregunta que fue primero el huevo o la gallina.

    El ideal democrático de la educación chilena en “escuelas populares para todos” ha tenido que lidiar con la realidad chilena que no es otra que la causa de los problemas del pasado y los actuales. Este es el “auxilio escolar”. “El concepto básico de asistencialidad escolar inalterado. Consiste en apoyar al estudiante para que resuelva favorablemente aquellas necesidades que lo empujan a abandonar la escuela y vincularse tempranamente al mundo del trabajo. Significa abordar íntegramente las necesidades del escolar. Alimentación, salud, recreación, vestuario, la necesidad de tener acogida cuando debe continuar sus estudios y fuera de la casa”. [7] que conduce a inevitables discusiones:

  • Son programas de caridad o programas de desarrollo social.
  • Son programas para paliar la desigualdad o para promover la equidad.
  • Quien es el responsable del niño-niña estudiante ¿El Estado o familia, o acción conjunta de ambas entidades? Solo quedaba claro que sin auxilio escolar lo único que se producía era un aumento en la deserción escolar. La cual se quería evitar por que aumentaba la mendicidad y la delincuencia.
  • De donde se obtiene el dinero para el auxilio escolar y cómo se entregara a las escuelas, cuáles serán los parámetros para elegir a los niños necesitados.

A nuestro parecer es tarea de la sociedad en su conjunto hacer del proceso educativo una ciudad educativa, sólo así, se podría hacer real el gran ideal de una educación democrática para todos.

Bibliografía

1.- Illanes, O., Angélica. Ausente Señorita, El niño chileno, La escuela para pobres y El Auxilio 1890/1990 (Hacia una historia social el siglo XX en Chile). Santiago de Chile, Ed., JUNAEB, Diciembre de 1991.

2.- Arias, Edison. “El rechazo a la metafísica en el positivismo lógico actual”. Cuadernos de Filosofía. Universidad de Concepción. N° 15-1997.

3.-Serrano, Sol. “Valores y cultura democrática. Un largo Laberinto” Artes &Letras, El Mercurio. Domingo 5 de Septiembre de 1999. Pág. E3.

4.-Calisto, Raúl, “La profesión docente en Chile: calves del pasado, presente, futuro” Visiones, Universidad de Concepción, Facultad de Educación, n°1 año 2001, Pág., 21.

5.-BBC Mundo, Santiago de Chile. Chile/desigualdad: el gran escollo

[1] Illanes, O., Angélica. Ausente Señorita, El niño chileno, La escuela para pobres y El Auxilio 1890/1990 (Hacia una historia social el siglo XX en Chile). Santiago de Chile, Ed., JUNAEB, Diciembre de 1991.

[2] “Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos” Articulo n °1, Constitución Política de la República de Chile de 1980.

http://es.wikisource.org/wiki/Constituci%C3%B3n_Pol%C3%ADtica_de_la_Rep%C3%BAblica_de_Chile_de_1980_(texto_original)

[3] Arias, Edison. “El rechazo a la metafísica en el positivismo lógico actual”. Cuadernos de Filosofía. Universidad de Concepción. N° 15-1997. Decimos misterios y no problemas según las palabras de Gabriel Marcel, ya que el problema se refiere a algo que se encuentra frente a mí, como una suerte de obstáculo, que por lo tanto, se puede contemplar objetivamente, mientras que el misterio es algo en lo que se está involucrado, comprometido (engagé) y que en, consecuencia, no puede estar en esencialmente fuera de mí.

[4] Serrano, Sol. “Valores y cultura democrática. Un largo Laberinto” Artes &Letras, El Mercurio. Domingo 5 de Septiembre de 1999. Pág. E2.

[5] Serrano, Sol. “Valores y cultura democrática. Un largo Laberinto” Artes &Letras, El Mercurio. Domingo 5 de Septiembre de 1999. Pág. E3.

[6] ID., Pág. E2.

[7] Illanes, O., Angélica. Ausente Señorita, El niño chileno, La escuela para pobres y El Auxilio 1890/1990 (Hacia una historia social el siglo XX en Chile). Santiago de Chile, Ed., JUNAEB, Diciembre de 1991.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *