Cine de culto: “El árbol de Guernica” (Movimiento Pánico).

El árbol de Guernica (1975) es una excelente y controvertida película (prohibida mucho tiempo en Francia y España) filmada por el tercer miembro del movimiento pánico (Jodorowsky, Topor y Arrabal) Fernando Arrabal.

Sinopsis: En 1936, al comienzo de la Guerra Civil española, el ejército de Franco, al desplazarse hacia el norte, encontró una fuerte resistencia en el pueblo vasco. Los habitantes de Gernika, pobremente equipados, se opusieron de forma desafiante al Generalísimo y éste respondió al desafío llamando a la Luftwaffe nazi, que aniquiló a la villa. En este entorno de desolación y despiadada violencia se escondía la verdad de un amor puro y sincero que nace de las llamas: Goya y Vandale, dos enamorados que conocerán la sangre, el odio, la tortura y la agonía de la muerte.

John Le Carré. La falsa memoria de un mentiroso

MICHIKO KAKUTANI (THE NEW YORK TIMES) | 16/09/2016

Guardadas con celo por sus editores, las memorias de Le Carré (Volar en círculos, Planeta) llegaron a las librerías de todo el mundo la semana pasada. Se esperaba un desquite del exespía con el Servicio Secreto de su país que, finalmente, ha sido inmisericorde. También que el autor de libros como El topo o El espía que surgió del frío, el escritor de novelas de espionaje más exitoso del mundo, desvelaría su intimidad… ¿condimentada con una pizca de ficción? En este texto, la crítica norteamericana Michiko Kakutani lee minuciosamente a Le Carré, y nos explica cómo realidad y ficción se imbrican en su obra

 

John Le Carré (Dorset, 1931) cuenta que hace años, cuando estaba pensando en escribir su autobiografía, contrató a dos detectives para que lo investigasen a él y a su familia. Al haber sido hijo de un aventurero estafador, espía del Servicio Secreto de Su Majetad, y un novelista que había dedicado su vida a inventar historias, la verdad y el recuerdo acostumbraban a confundirse entre sí. “Les expliqué que era un mentiroso. Nací para mentir, me educaron para ello, un sector que miente como medio de vida me entrenó para hacerlo, y adquirí experiencia siendo novelista”. Estaba interesado en conocer los hechos de su vida, les dijo a los detectives, ya que, “como creador de ficciones, invento versiones de mí mismo, jamás la realidad, si es que tal cosa existe”

 

Puede que esta tendencia a lo que su biógrafo Adam Sisman llama “falsa memoria” no haga de Le Carré (o, mejor, de David Cornwell, el hombre detrás del seudónimo) el más fiable de los memorialistas, pero ha alimentado la carrera extraordinaria de un novelista que no solo ha reinventado el thriller de espionaje, sino que también se ha ganado su justo lugar como heredero de Joseph Conrad y Graham Greene. Su nuevo libro, Volar en círculos (Planeta), no logra que nuestro placer disminuya al leer las historias de su vida, historias, insinúa, que muy bien podrían contener una pizca de influencia de la imaginación (“si en algo miente la auténtica verdad, no es en los hechos, sino en los matices”), o quizá un toque de autodramatización.

Volar en círculos no es una autobiografía y, ciertamente, no añade muchos detalles fácticos al sesudo retrato de Sisman. Más bien es una recopilación de evocaciones (algunas ya conocidas por los trabajos publicados) que brinda numerosos atisbos del autor a lo largo de los años, dando saltos y rebotando en el tiempo, y narradas con el brío de un contador de historias magistral, a veces trágicas y divertidas, otras cautivadoras, mordaces y melancólicas

 

El libro permite entender las caprichosas transacciones entre arte y vida que Le Carré efectúa en su ficción: por ejemplo, cómo Vivian Green, su “sabio mentor en Oxford” le proporcionó “la vida interior de George Smiley”, y cómo su propia atormentada relación con su despreciable padre, Ronnie (“estafador, soñador, prisionero ocasional”)sirvió de combustible para el drama filial de Un espía perfecto, su novela psicológicamente más compleja.

Quienes hayan leído obras de Le Carré como La chica del tambor y El sastre de Panamá, además de El jardinero fiel, La canción de los misioneros y Un traidor como los nuestros, también comprobarán con qué afán llevó a cabo sus investigaciones para estos libros más recientes, viajando a lugares peligrosos del planeta (a Beirut para entrevistarse con Arafat, a la Camboya en poder de los Jemeres Rojos, al este del Congo a reunirse con los caudillos militares) para familiarizarse con la situación in situ y buscar a personas que pudiesen encarnar a los personajes que apenas empezaban a germinar en su mente.

 

Sobre la marcha, Le Carré cuenta algunas de sus experiencias como espía sin dar a conocer detalles de las operaciones y sin abordar realmente su decisión de escoger, en palabras de Sisman, “la lealtad a su país por encima de la lealtad a sus amigos” cuando, siendo un joven recluta, el MI5 le pidió que estuviese al tanto de la actividad de los estudiantes de izquierdas de Oxford.

Lo que rememora con soltura es la confusa neblina de los años de la Guerra Fría que inspiraron El espía que surgió del frío y sus incomparables novelas de Smiley (El topo, El honorable colegial y La gente de Smiley). Nos traslada a la Alemania de principios de la década de 1960, donde dice que los nazis seguían merodeando en el mundo de los servicios secretos, y al interior de los viejos cuarteles generales del espionaje británico, en los que cuenta que en otros tiempos creía que “los secretos más delicados del país se alojaban en una caja fuerte verde desconchada, marca Chubb, oculta al final de un laberinto de lóbregos pasillos”

 

La ficción de Le Carré hizo mucho por desmitificar el moralmente ambiguo mundo de los servicios secretos contemporáneos -hasta entonces definido en gran medida por la épica de las novelas de James Bond, de Ian Fleming- y, en el libro, el autor observa que si bien “todos los servicios secretos se mitifican a sí mismos”, los británicos “constituyen una categoría aparte”. Escribe: “Mejor no hablar de nuestra deplorable actuación en la Guerra Fría, cuando el KGB nos aventajaba y lograba infiltrarse antes que nosotros casi en cada curva. Remóntense en cambio a la Segunda Guerra Mundial, que, si damos crédito a nuestra televisión y a nuestra prensa sensacionalista, es donde nuestro orgullo nacional hizo su inversión más segura. ¡Contemplen a nuestros brillantes descifradores de códigos de Bletchey Park!”

En su condición de espía, Le Carré desarrolló una entusiasta capacidad de observación periodística que le fue muy útil como novelista, y el libro está lleno de retratos maravillosamente trazados de escritores, espías, políticos, corresponsales de guerra y actores que poseen una corporeidad y una vivacidad palpables.

 

Describe al oficial de inteligencia Nicholas Elliot -el amigo íntimo, confidente y, al final, víctima del infame agente doble Kim Philby- como “un chispeante bon vivant de la vieja escuela”, que parecía “un hombre de mundo de P. G. Wodehouse, y hablaba como tal”, excepto porque era “temerariamente desconsiderado con la autoridad”.

Le Carré advierte que el físico y premio Nobel soviético Andréi Sájarov, que vivió años exiliado en su propio país por denunciar las violaciones de los derechos humanos, sonreía a menudo y se pregunta “si siempre había sido algo consustancial a él, o si se había enseñado a sí mismo a sonreír como una manera de desarmar a sus interrogadores”.

 

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En cuanto al gran Alec Guiness, el inolvidable intérprete de Smiley en El topo, la producción de la BBC de 1979, Le Carré recuerda su encanto, su “pícara sonrisa de delfín”, y la forma en que estudiaba y almacenaba los gestos de la gente a la que conocía cuando estaba preparando sus papeles, moldeando “su cara, su voz y su cuerpo en innumerables versiones de nosotros”. Atribuye el carácter esquivo de Guinness, su amor por el trabajo disciplinado y los buenos modales a la herencia de la “humillación y el desorden de sus desdichados primeros años de vida”. Guinness, escribe, era “una persona demasiado familiarizada con el caos”, e incluso a los 80 años seguía siendo un “niño alerta” que “todavía no había encontrado puertos seguros o respuestas sencillas”.

 

Lo mismo se podría decir de Le Carré, que se encuentra también en su octava década de vida. El capítulo que trata de su infeliz niñez (basado en un extenso artículo que publicó en The New Yorker en 2002) es la parte más cruda y emotiva del libro, y su columna vertebral psicológica. Es una historia desgarradora, casi dickensiana: cuando tenía cinco años, su madre los abandonó a él y a su hermano (cansada de que el violento padre de los chicos le pegase), y Le Carré creció como un “niño congelado”, utilizado y humillado por el maestro de la estafa que tenía por padre, un hombre encantador pero traicionero que no veía contradicción entre estar en la lista de personas en búsqueda por fraude y pavonearse con una chistera gris en el recinto de los propietarios de Ascot”; un hombre que perdió inconscientemente el dinero de la matrícula de su hijo apostándolo en Montecarlo, que cumplió condenas en cárceles de todo el mundo (Hong Kong, Singapur, Yakarta, Zúrich), y que luego se quejaba de que su famoso hijo fuese incapaz de darle una parte de los derechos de autor de sus libros. Habiendo aprendido las artes de “la evasiva y el engaño” como medios de supervivencia siendo niño, y dado su anhelo de pertenecer a una familia legítima y más extensa, el joven David Cornwell era un fichaje natural para el espionaje.

Unirse “al mundo secreto”, cuenta, “fue como llegar a casa”. Cuando contempla retrospectivamente su carrera de novelista, también se pregunta a sí mismo: “¿Qué partes de mí siguen perteneciendo a Ronnie?

 

“Me pregunto si hay una gran diferencia entre el hombre que se sienta a su escritorio e inventa embustes en la página en blanco (yo) y el que se pone una camisa limpia cada mañana y, sin nada más en el bolsillo que su imaginación, emprende camino dispuesto a estafar a su víctima (Ronnie)”.

 

DE LA MUERTE  A LA VIDA

Cada uno pasa de una etapa a otra en distintos momentos de su vida, pasando desde la felicidad hasta la desdicha o viceversa, algunos pasan gran parte de la vida buscando la felicidad y se olvidan de vivir y aprovechar cada minuto de sus vidas, viven luchando por obtener cosas para darles un sentido a sus vidas.

La  vida no es un estado rígido y estático, somos energía que debe fluir, como diría Telsa. Elegir hacia qué lado se dirige tu energía y tomar los caminos correctos como un proceso natural, es una decisión que depende de cada uno.

No gastes tu energía en hacer sentir bien a los otros, no te olvides de ti mismo, no  te olvides de sentir y escuchar tu respiración, … cuantos en estos tres últimos días han escuchado su cuerpo o su respiración… quien se ha dado el tiempo de pensar si se siente pleno con la vida que lleva, o si tiene el tiempo para disfrutar de un buen café a solas o simplemente escuchar su canción favorita…

La  pregunta No es si soy feliz?  La  pegunta Es… estoy conforme como estoy llevando mi vida?

El filósofo Friedrich Nietzsche tenía una preocupación especial, por la pregunta quien soy…, el descubrimiento de nosotros mismos y los conflictos existenciales que causa en aquellos que se embarcan en esta experiencia de vida.

Para algunas personas sus experiencias o sus pensamientos giran en torno al juicio sobre lo que son o no son, lo que tienen o lo que quieren, podríamos decir, que así se nos ha enseñado a pensar y a medir lo que tenemos por cánones como el éxito y el fracaso, o la riqueza y la pobreza.

Cuando dejamos de desear y observamos las cosas sin juicio, podemos aprender a vivir en armonía con nosotros mismos, las formas son a veces un impedimento para poder observar lo que realmente somos, esa energía que está en nuestro interior, esa energía que nos moviliza.

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Pero, nos damos el tiempo de descubrirnos…..nos levantamos y acostamos todos los días como zombis, no somos capaces de reflexionar o mirar a nuestro alrededor, vivimos  dependiendo del otro, o pendientes de la moda.

Nos vemos envueltos en miles de responsabilidades y con una serie de cargas que nos auto imponemos en el día a día: el trabajo, la escuela, la casa, los  hijos, la familia… y en todo ese mar de cosas en el que a ratos nos sentimos ahogados, se suma la imposibilidad de amarnos a nosotros mismos.

Quien es capaz de amarse, si para eso hay que nacer y morir una y otra vez…. cuantos están dispuestos a sentir este dolor para volver a nacer y aprender de nuestra muerte…

Busca incesantemente hacer todos los días aquello que disfrutas, lo que te apasiona, lo que te motiva y empuja a querer saber más, a ser mejor o desarrollar tus capacidades hasta tus propios límites, ponte como meta algo diferente todas las semanas, comienza con algo pequeño, como; lee 10 página de tu libro favorito, toma una fotografía, lee un artículo, dejar el celular en las noches, trata de buscar la que más se acomode a tu estilo de vida.

Cada determinado tiempo pregúntate “¿en realidad hago lo que más deseo?”

Este es el reto que debemos aprender a realizar día  a día.

“Nacimiento y Muerte van de la mano”.

 

Lilyan Acuña Bone, PS.

Padre de psicología prenatal: “Si un niño es concebido en el amor u odio, hace la diferencia”

Escrito por María Graciela Opazo

Thomas Verny, creador de la psicología prenatal dictó una charla magistral en la U. San Sebastián, en la que abordó las características de la vida intrauterina que afectan el posterior desarrollo de los seres humanos. La actividad fue transmitida a los 29 servicios de salud del país.

Su ponencia la inicia mostrando un video de 38 segundos en los que se compara un feto en gestación dentro del útero de la madre con una vida relativamente tranquila, y en donde no se ve ninguna alteración, para luego dar paso a la imagen de uno que salta permanentemente dentro de la cavidad uterina y, si bien es una recreación, muestra cómo las consecuencias de gestarse en serenidad o alteración marcan a las personas.

Así lo asegura el psiquiatra de la U. de Harvard, Thomas Verny, creador de la psicología prenatal – aquella que explora todos los aspectos del desarrollo humano temprano como la concepción, estado del feto, genética, psicología y sociología-y como aquello marca la personalidad de la personas.

Se cree, señala ante un auditorio de más de 500 personas en la U. San Sebastián, que “antes de nacer todo era oscuridad y se desconoce que la vida es un continuo desde la concepción hasta la muerte, porque no hay separación entre la mente y el cuerpo”.

De ese modo comienza diciendo que los genes no determinan el destino, pero “la expresión de éstos si cambian según el medio ambiente”, dicho de otra manera, el contexto en el que se desarrolla la gestación, la nutrición, los cuidados y el cómo han vivido los ancestros sí definen el desarrollo de la persona.

Señala que los estudios clínicos han evidenciado cómo la vida de los padres antes de la concepción marca el futuro del individuo, porque “la comida, la droga, el estrés afectará la salud de los niños hasta la de los nietos”, añade también que las guaguas que no reciben un nombre al nacer, tienen una mortalidad más elevada.

¿Cómo construyo mí personalidad?

Según la teoría de este académico autor de libros como “la vida secreta del niño antes de nacer”, la experiencia prenatal organiza al cerebro y por ello, la vida pre y postnatal determina ciertas manifestaciones biológicas y psicológicas como condiciones médicas, reacciones al estrés, el tipo de personalidad y la habilidad para relacionarse con otros.

Es decir, en palabras de Verny, que esta teoría holística, longitudinal y contextual muestra como la prevención primaria de desórdenes psicológicos comienza en el útero, ya que la mujer no “es una incubadora, sino participante activo en la formación de la criatura que está por nacer”.

Es así como se recomienda que los padres generen y trabajen por el apego de los lactantes no sólo después de nacer ya que “así llevarán al máximo poder adquisitivo de actividades emocionales y cognitivas”, señala el experto.

Atentos a los siguientes cuidados prenatales

Muchos de los desórdenes y de las enfermedades adultas tienen su raíz en la concepción y la vida intrauterina, influencias que el padre de la psicología prenatal detalló:

-Consumo de tabaco y/o alcohol desencadenaría depresión, ansiedad y riesgo de nacer con un  bajo peso, con la función pulmonar reducida y de sufrir muerte súbita.

Exposición a contaminantes ambientales genera interacciones dañinas a nivel cerebral, relacionado con abortos e hijos prematuros y cánceres de infancia.

Estrés materno y exigencias  ya sea físicos o emocionales que tensionan el cuerpo y la mente, provocan muerte de neuronas, envejecimiento prematuro e insulino resistencia, por lo que recomienda que se haga todo lo posible por cursar un embarazo apacible, practicando yoga por ejemplo.

También hace hincapié en que el entorno familiar debe apoyar a la mujer embarazada, reduciendo situaciones de estrés e impulsando una gestación tranquila y satisfactoria, la que luego se reflejará en personas más saludables metal y físicamente.

La charla fue seguida vía streaming por casi 2 mil personas, la mayoría ubicadas en Chile, mientras que 23 siguieron la ponencia desde Argentina, 21 desde EE.UU, 15 desde Colombia, 8 de España, 4 de Perú, 3 del Ecuador y uno de Alemania e igual cifra desde México.

Vea exposición completa del psiquiatra de la U. de Harvard, Thomas Verny:

http://www.crececontigo.gob.cl/2016/sin-categoria/psicologia-pre-y-perinatal-bases-del-desarrollo-emocional/

 

Fuente: http://www.ipsuss.cl/ipsuss/actualidad/padre-de-psicologia-prenatal-si-un-nino-es-concebido-en-el-amor-u/2016-10-11/160727.html

Estudiantes crean bacteria que come el plástico de los océanos y lo transforma en agua

La contaminación en los océanos es un problema muy grave. De acuerdo con estudios recientes, es probable que en el 2050 encontremos más plástico que pescado en las aguas marinas. Y es por esto que hay muchas personas trabajando en soluciones, algunas muy imaginativas para revertir esta situación. Hace algún tiempo hablamos de un joven holandés, que creo una barrera flotante que filtra y recoge el plástico.

Pues bien, la novedad del momento es una bacteria, desarrollada por las estudiantes  Miranda Wang y Jeanny Yao. Quienes llevan trabajando desde sus años escolares en esta idea  y hoy pueden cosechar los frutos. Ya cuentan con dos patentes, y han conseguido un financiamiento inicial de 400mil dolares para comenzar a desarrollar el producto. Todo ello con tan solo veinte años!

Ya suman cinco premios gracias a su investigación, se hicieron famosas al ser las más jóvenes en ganar el premio de ciencia Perlman. Todo gracias a sus pequeñas bacterias capaces de convertir plástico en CO2 y agua. La tecnología se utiliza de dos maneras: para limpiar las playas y también para producir materias primas para prendas de vestir.

“Es prácticamente imposible hacer que la gente deje de usar plástico. Necesitamos una tecnología para romper el material. Y que todo se vuelva biodegradable “, dijo Wang.

El desarrollo de la tecnología consta de dos partes. En primer lugar el plástico es disuelto y las enzimas lo catalizan con lo que el plástico se transforma en fracciones sumamente maleables Estos componentes se colocan en una estación biodigestora, donde se compostan como si fuesen restos de comida. El proceso se lleva a cabo en tan solo 24hs, para pasar de plástico a agua, realmente prometedor!

fuente: http://ecocosas.com/noticias/bacteria-que-come-el-plastico-de-los-oceanos-y-lo-transforma-en-agua

La neurociencia clave para una buena educación

María Elena Mora, Educadora Diferencial

Uno de  los temas que me ha interesado abordar es la  neurociencia ,disciplina que incluye muchas ciencias que se ocupan de estudiar, desde el punto de vista inter, multi y transdisciplinario la estructura y la organización funcional del sistema nervioso. La  neurociencia nos enseña como las personas aprendemos y adquirimos nuevos conocimientos, lo que tiene gran aplicación en las aulas de clases, donde el docente debe manejar diferentes estrategias para motivar a un alumno que presenta intereses diversos a lo que la escuela pretende darle, siendo la emoción un sentimiento clave para que exista aprendizaje.

Existe un desconocimiento del funcionamiento  del cerebro humano y  su relación directa con el aprendizaje, siendo relevante que las mallas curriculares chilenas para la formación de docentes integrar la neurociencia, y los futuros educadores empaparse de esta temática, que será el gran aporte para generar aprendizajes educativos y alcanzar niveles de calidad educativa.

Amanda Céspedes escritora, experta en neurociencias cita que  se han construido planes sobre como aprende el niño, pero no aprende él, aprende su cerebro. Con esta cita no se puede negar que estamos enseñando con falencias pedagógicas  y   que la neurociencia es el puente para el diseño de modelos educativos significativos para el siglo XXI.

 

 

Los neurocientíficos afirman que las palabras que usamos cambian nuestro cerebro

Las palabras que optamos por utilizar, literalmente, pueden cambiar nuestro cerebro. El Dr. Andrew Newberg, un neurocientífico de la Universidad Thomas Jefferson , y Mark Robert Waldman, un experto en comunicaciones, escribieron el libro, “las palabras pueden cambiar tu Mente”

En el libro, escribe: “una sola palabra tiene el poder de influir en la expresión de los genes que regulan la tensión física y emocional”. Cuando usamos palabras llenas de positividad, como el amor y la paz, podemos cambiar la forma en que nuestro cerebro funciona mediante el aumento del razonamiento cognitivo y contribuimos en el fortalecimiento de las áreas de nuestros lóbulos frontales.

Utilice más palabras positivas que negativas con mayor frecuencia y podrá activar los centros de motivación del cerebro, conduciéndolos a la acción. En el extremo opuesto,cuando el uso de palabras negativas es frecuente, ciertos neuroquímicos contribuyen a la gestión del estrés y éste se produce en nuestra vida.

Todos y cada uno de nosotros estamos programados inicialmente para preocuparnos. Es parte de nuestro cerebro primitivo que nos protege de situaciones de peligro para la supervivencia.

Así que cuando permitimos que las palabras negativas entren en los conceptos de nuestros pensamientos, estamos aumentando la actividad en el centro del temor de nuestro cerebro (amígdala), y hacemos hincapié en los productores de hormonas que inundan nuestro sistema.

Estas hormonas y neurotransmisores interrumpen los procesos de lógica y el razonamiento en el cerebro e inhiben la funcionalidad normal. Newberg y Waldman creen que “las palabras de enfado envían mensajes de alarma a través del cerebro, y parcialmente se encierran los centros de la lógica y el razonamiento, que se encuentra en los lóbulos frontales.”

Un extracto de su libro nos dice cómo usar las palabras correctas, que literalmente, puede cambiar nuestra realidad:

“Al mantener una palabra positiva y optimista en su mente, se estimula la actividad del lóbulo frontal. Esta área incluye centros de idiomas específicos que se conectan directamente a la corteza motora responsable de su puesta en práctica. Y a medida que nuestra investigación lo ha demostrado, cuanto más nos centramos en las palabras positivas, más empieza a afectar a otras áreas del cerebro.

Las funciones en el inicio del lóbulo parietal pueden cambiar, y así se cambia su percepción de sí mismo y las personas con las que interactúa. Una visión positiva de sí mismo le propulsará a ver lo bueno en los demás, mientras que una imagen negativa de sí le pondrá en la dirección de la sospecha y la duda de los demás

Con el tiempo, la estructura de su cerebro también cambiará en respuesta a sus palabras, pensamientos y sentimientos conscientes, y creemos que los cambios en el tálamo afectan a la forma en que percibimos la realidad “.

Un estudio de la Psicología Positiva da más detalles sobre los efectos del uso de palabras positivas. Un grupo de adultos de edades comprendidas entre los 35 y los 54 años. Los próximos tres meses mostraron que sus niveles de felicidad siguieron aumentando, y sus sentimientos de depresión continuaron disminuyendo.

Cuando nos centramos y reflexionar sobre las ideas y las emociones positivas, podemos mejorar nuestro bienestar general y aumentar la funcionalidad de nuestro cerebro.

Si nota que su vida no es positiva, trate de controlar la cantidad de veces que usa las palabras negativas. Es posible que se sorprenda al descubrir cuán simple es la solución para una vida mejor -. Cambie sus palabras, cambie su vida (Texto traducido por el equipo de El Secreto , Originalmente publicado en El Espíritu Ciencia )

Fuente: http://despiertavivimosenunamentira.com/

Violeta Parra: “El dolor no puede ser cantado por una voz de conservatorio, tiene que ser una voz como la mía, que lleva 40 años sufriendo”

En una entrevista realizada el año 1960 en la Radio Universidad de Concepción, Violeta Parra se refiere a su labor como investigadora y recopiladora de música popular chilena. También adelanta parte de “El Gavilán”, protagonista de un ballet que encarna tanto al hombre y la parte destructiva del amor, como al capitalismo. Hoy se conmemora su nacimiento y -en su honor- se celebra el día de la música chilena.

“Casi puerta por puerta, ventana por ventana”, explicó que llevaba a diario la cantautora e investigadora de la música nacional, y cómo sentía que empezaba de nuevo a diario, contó la autora. “Ni la décima parte de los chilenos reconoce su folclor, siento que empiezo todos los días de nuevo”, contó en una entrevista realizada por Mario Céspedes para la Radio Universidad de Concepción, compartida por el usuario de Youtube Diego Norambuena.

 También se refirió a “El Gavilán”, el ballet que nunca alcanzó a terminar. “El tema de fondo es el amor, que casi siempre destruye”, indicando que el protagonista era el hombre “de malos sentimientos”, encarnado por el gavilán, que compara con el capitalismo. Narra la pena de la gallina que se enamora del gavilán, y como ella es invadida por una pena negra, sin escuchar consejos de amor, porque “nadie escucha los consejos de amor”, aclara entre risas.

Refiriéndose a la obra que estaba preparando, cuenta: “Este canto tiene que ser cantado incluso por mi misma, porque el dolor no puede estar cantado por una voz académica, una voz de conservatorio. Tiene que ser una voz sufrida, como lo es la mía, que lleva cuarenta años sufriendo”. En el minuto 5:00 se puede escuchar a la cantautora adelantar en vivo la primera parte de la obra, la que dice “mi vida yo te quise, veleidoso”.

En una historia llena de audacia, tanto en el rescate de la música tradicional, la vida personal y la composición musical, Violeta Parra siempre tuvo claro los límites de lo docto, académico o institucional. Teniendo siempre claro que ella no pertenecía  a esos espacios, irrumpía en ellos llevando a cabo obras como la aquí mostrada,demostrando que no era necesario haber pasado horas encerrada estudiando tutelada por profesores ni para comprender la importancia del rescate musical o llegar a un sonido complejo como el que alcanzó a desarrollar.

Para referirse a lo que busca en la música que rescata, declara: “Yo reconozco, amo y venero el canto a lo humano y lo divino, desde el punto de vista del texto literario y del punto de vista musical. Basta con conocer un verso a lo divino para conocer el espíritu fino, sabio, delicado, del cantor chileno”. Eso lo explica al leer algunos extractos de lo iba a exponer en “Claves para el conocimiento del hombre de Chile”, un encuentro a la que fue invitada a participar en la Universidad de Concepción

Escucha la entrevista completa acá:

Fuente: http://www.eldesconcierto.cl/cultura-y-calle/2016/10/04/violeta-parra-el-dolor-no-puede-ser-cantado-por-una-voz-de-conservatorio-tiene-que-ser-una-voz-como-la-mia-que-lleva-40-anos-sufriendo/